Marcó una época en la ciudad. No solo era un espacio desde donde se generaba cultura de manera independiente con un discurso muy crítico hacia el "orden" establecido por el socialcristianismo en el puerto principal, sino también un punto de encuentro, creación y de socialización entre los que nos dedicamos al arte, la música y la cultura. El Inmundicipio se convirtió rápidamente en un cuartel de nuevas ideas, base de operaciones tanto de las jóvenes generaciones como de las más añejas y frustradas generaciones de Guayaquil.