Subvertir la nostalgia de las ruinas: una tarde en el cine-teatro-almacén Cañizá.
Por Maria Zaracho Robertti
Kusbroeck, gran maestro de la nostalgia, decía que las ruinas[como las fotografías] eran vestigios y evidencias materiales de aquello que “ había sido”. Ultimamente he desconfiado mucho de la nostalgia, de su carácter estratégico al servicio del olvido y la inmutabilidad. Es una de mis preocupaciones estéticas más intensas e insistentes.
Hace unos años estuve en el histórico Cine-Teatro-Almacén Cañizá, para participar de una jornada de Antropología visual en recordación del 12 de octubre como 《Día de la resistencia indígena》. Gloria Scappini, antropóloga, comentó que don Cañizá [padre] fué un gran amigo de la comunidad Maká que habitaba la zona del jardín botánico. Los vínculos entre el pueblo maká y las imágenes de la nostalgia requerirían un profundo y necesario ensayo, por cierto.
Sin embargo , quisiera detenerme en esa sensación de nostalgia y extranjería que me provocó estar ahí contemplando esas derruidas y mágicas instalaciones donde todavía se puede percibir el ruido de las tertulias desarrolladas en el almacén, punto de encuentro de los habitantes del barrio Trinidad, el alboroto tras las proyecciones, la frescura del patio donde el cine okápe ( al aire libre) era común en verano, el techo del Siglo IXX aún conservado, los bancos de madera. Todos esos recuerdos tienen cuerpo, una materialidad extraña que se puede ver en la mirada del Sr.Cañizá [hijo] , en su andar pausado y observante de aquel templo que erigieron sus padres y tíos emigrados de Cataluña. Quiero volver a la idea de la funcionalidad política y estratégica de la nostalgia.
La nostalgia está a favor de la desaparición.La posibilidad de la desaparición de un universo simbólico y material, de objetos cargados de historia y memoria es siempre abrumadora. ¿Que papel tiene la agencia humana? ¿Que hacemos ante la evidencia de las ruinas? ¿y ante la destrucción o inminencia de una desaparición?¿ es posible subvertir la nostalgia de las ruinas?. Corremos siempre el peligro de caer en esa otra forma de inmovilizar, la del patrimonio estático o la de la mirada naif e indolente que desoye la posible y estrepitosa caída. Esto es tan válido para un sitio como el Cañizá y así también en relación a lo que hoy mismo viven campesinos e indígenas. Hay un peligro concreto de que este espacio de historia y memoria se convierta en ruina y posteriormente en recuerdo. Yo quisiera pensar, creer, que esta breve crónica de lo que me suscitó estar ahí pudiera despertar una necesaria subversión de la nostalgia por las ruinas. ¿ Por qué no podemos revisar y resignificar nuestros lugares del pasado y desacralizarlos del altar donde la nostalgia los cosifica como souvenirs?. El cálido apretón de manos del Sr.Cañizá y su” vuelvan pronto” me resultó profundamente emotivo e interpelante. ¿Como volvemos los paraguayos a nuestros lugares del pasado , como los leemos?. La pantalla del cine Cañizá quedó allí con su añejo sepia de espera. Ojalá otras imágenes puedan ponerse en movimiento.