Dejar de mentirnos no es un título que pueda resolverse. Propone una tensión, quizás incluso una contradicción, que permea los procesos artísticos y reflexivos desarrollados por los grupos de Imposibilidad de Esquetamento a lo largo de este semestre.
No se trata solo de considerar la necesidad de dejar de mentirnos —ese imperativo moral moderno que promete cierta forma de autenticidad, como si existiera un verdadero yo por revelar—. Se trata también, y sobre todo, de dejarnos engañar: dar cabida a lo que en nuestro interior se ficcionaliza, se despliega y se inventa como forma de supervivencia y creación.
No se trata solo de considerar la necesidad de dejar de mentirnos —ese imperativo moral moderno que promete cierta forma de autenticidad, como si existiera un verdadero yo por revelar—. Se trata también, y sobre todo, de dejarnos engañar: dar cabida a lo que en nuestro interior se ficcionaliza, se despliega y se inventa como forma de supervivencia y creación.