Esta obra de arte irradia una fuerza centrífuga y mística, en la que el color se convierte en energía pura. El vórtice luminoso que emerge desde el centro parece absorber y emitir a la vez, generando una tensión visual entre el caos cromático del rojo y la serenidad del verde y el amarillo. La obra sugiere un tránsito entre lo interno y lo cósmico, evocando tanto el nacimiento como la disolución. Es una pieza que interpela los sentidos antes que la razón, propia de una abstracción cargada de pulsión vital.
© 2025 Todos los derechos reservados.
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