En mi experiencia como empleada de un museo, presté atención a la forma en que el cuerpo habita el espacio laboral y cómo este está supeditado a determinados códigos que regulan, desde la postura hasta el modo de desplazarse. A manera de resistencia y oposición a este tipo de regulación no-natural, y producto del carácter rutinario del quehacer, surgen pequeños movimientos corporales que tienen ciertas características propias de la danza. Modos de Holganza reexamina fricciones y conceptos latentes en lo cotidiano apropiándose del lenguaje alterable y dinámico del baile y sus diversas posibilidades coreográficas. La acción, como soporte de obra, invita a considerar al cuerpo como motor de realización, lo cual pone en entredicho significados ligados a una constante pregunta: ¿A qué llamamos productivo?